El paraíso existe -Fernando da Noronha-

El paraíso suele ser una imagen mental, un paisaje emotivo en el que el hombre convive en paz con la naturaleza y con sus semejantes, un sitio donde el tiempo transcurre a gotas y sólo parece haber espacio para los placeres. A esta altura de la historia, quedan pocos lugares en el mundo que sean capaces de aspirar a esta categoría. Y Fernando de Noronha es uno de ellos.

Perdido en el Océano Atlántico, a 360 km de la costa norte de Brasil, se encuentra este pequeño archipiélago descubierto por Américo Vespucio en 1503, que supo ser base militar durante la Segunda Guerra Mundial y hoy es un territorio turístico celosamente preservado en el que impera una saludable filosofía de conservación ecológica.

Todo allí parece ser más cinematográfico que real: playas vírgenes cercadas por morros selváticos, un mar cristalino en el que nadan delfines y tortugas y, sobre todo, pocas, muy pocas muchedumbres humanas. En la isla mayor, la única habitada de todo el archipiélago, apenas hay algo más de dos mil moradores permanentes y el ingreso de turistas está regulado, con el objetivo de resguardar a la isla de la sobreexplotación que ha destruido a tantos paraísos similares a lo ancho del planeta.

En la costa de la Vila dos Remedios, lo más parecido a un centro urbano en Noronha. Existe una antigua villa de calles empedradas, fundada por los portugueses, que conserva unos cuantos edificios históricos, como una hermosa iglesia de 1737, antiguos almacenes y monumentos de estilo barroco. En la villa se concentran varias posadas, restaurantes, bares y algunos bugis, el medio de locomoción por excelencia, ya que no se permiten autos particulares.

Viajar hasta Fernando de Noronha y no bucear es una opción inaceptable. Es como visitar Madrid y no salir de tapas. Para los fanáticos del submarinismo, este achipiélago es una verdadera Meca, uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida, debido a la calidad y diversidad de su fauna marina. Es un espectáculo único en el mundo. (via clarin)

foto por flickr victor pacheco

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